SOBRETURISMO.

Algunos destinos han llegado a un punto en el que el turismo se convierte en un problema en sí mismo. Para los residentes, para la infraestructura y, cada vez más, también para los viajeros. Analizamos dónde se nota esto con especial claridad en 2026.
"Nueve turistas por cada habitante. En algunos lugares, eso es lo normal en verano".

Monitor de viajes de visumPOINT

El turismo fue durante mucho tiempo una historia de éxito. Más viajeros, más ingresos, más visibilidad para lugares que antes apenas nadie conocía. Era previsible que este crecimiento llegaría a un límite en algún momento. Lo que ha sorprendido a muchos es la rapidez con la que ha ocurrido.

El sobreturismo describe exactamente esta situación: cuando un lugar atrae a más visitantes de los que puede soportar. Para la infraestructura, para el medio ambiente y para las personas que realmente viven allí. Las consecuencias varían según el lugar, pero el patrón subyacente suele ser el mismo. El aumento de los alquileres desplaza a los residentes de sus propios barrios. Las playas, que antes eran calas tranquilas, se convierten en eventos masivos en verano. Y a veces, basta con un solo clip viral para llevar a un lugar a su límite absoluto de capacidad en pocos meses.

A esto se añade un nuevo fenómeno. Ya no son solo los destinos clásicos como Venecia o Barcelona los que están bajo presión. También las pequeñas islas, los pueblos costeros remotos y las aldeas de montaña se convierten en objetivo en cuanto una serie, una película o un rostro conocido los pone en el punto de mira. El efecto es siempre similar: atención, llegada y, finalmente, saturación.

Lo que está cambiando ahora es la reacción ante esto. Las ciudades están introduciendo tasas de entrada, los países limitan el número de visitantes y, entre los propios viajeros, crece la conciencia de que no todos los lugares son los adecuados en cualquier momento. Este artículo analiza dónde es especialmente notable la presión en 2026 y qué lugares ya han empezado a tomar medidas.